Nicolás Larcamón, un discípulo de Mataderos
Con poco más de sesenta
mil habitantes, el barrio de Mataderos de la ciudad de Buenos Aires respira
fútbol día y noche. Localidad del Club Atlético Nueva Chicago, fundado a
principios de julio de 1911 y que cuenta actualmente con más de seis mil
socios. Futsal, Basquet, Hockey sobre Césped, Karate, Boxeo y otras tantas
disciplinas se realizan bajo el nombre de este importante club, que para muchos
es, uno de los más pasionales del continente. De Nueva Chicago surgió Nicolás
Ricardo Larcamón, hoy entrenador del Deportivo Anzoátegui de la Primera
División de Venezuela. Nacido en La Plata y con tan solo treinta y un años, el
estratega argentino ha estado en boca de todos en el norte de Sudamérica
producto de su innovador sistema de juego - para el fútbol en donde se
encuentra - que lo ha llevado a cosechar grandes resultados en tan poco tiempo.
En poco más de tres
años en Nueva Chicago, Larcamón pasó por todas las etapas previas en la que un
entrenador debe pasar para llegar a ser la cara visible de una institución. A
mediados del 2011, asumió las categorías juveniles menores para después avanzar
a las juveniles mayores. La convicción y ambición que tuvo el entrenador
argentino desde principios de su carrera, lo llevan a lo que hoy para muchos ya
representa. Desde una parábola en un campo, hasta una indicación en el
costado. El fútbol ha necesitado de agentes de cambio para adaptarse a lo que
hoy en día, representa el triunfalismo de la pizarra.
En 2013, asume la
dirección técnica del equipo Sub-20 y un año después, llega a la Reserva. El
sentido futbolístico que en el sur de América se ha adoptado ha sido de darle
más importancia al futuro inmediato, por más que este termino sea solo una
concepción de nuestra sociedad. He ahí la importancia que tuvo Nicolás Larcamón
en dicho proceso. El acelerado sistema que se vive a mediados de esta década en
el fútbol argentino, resultó en dos ascensos para Chicago en solo seis
meses. Para principios del 2015, ya se perfilaban para disputarse el
torneo más importante de Argentina ante los más grandes de la región. Nueva
Chicago había entrado en la Cámara de los Lords, que a partir de ese año
disponía de treinta sillas.
El ascenso anterior fue muy repentino, dos categorías en seis meses con los mismos jugadores. El fútbol argentino es muy competitivo para llevarse en seis meses, dos categorías”
Para principios de
Abril del 2015, Alejandro Nanía asume la dirección técnica del club tras el
fracaso en las primeras siete jornadas del campeonato de Omar Labruna - tres
empates y cuatro derrotas - con el claro objetivo de revertir la inmediata
situación que atravesaba el equipo. Junto a Nanía, llega Nicolás al primer
equipo como asistente técnico. El salto que había representado esto para
Larcamón, era notorio. Empezaba un nuevo reto en el primer equipo de la
institución en la cual había cumplido todos los procesos previos.
El proceso inició con
una derrota como local frente a Banfield, pero fue en el segundo partido en
donde se dio la campanada. Nueva Chicago visitaba La Bombonera para medirse al
poderoso y temible Boca Juniors de Rodolfo ‘El Vasco’ Arruabarrena. En palabras
del mismo Larcamón, todos los medios del país daban como asentada una nueva
derrota - y esta vez por goleada - del conjunto de Mataderos. Para la sorpresa
de muchos, Nueva Chicago sacó un empate sin goles del mítico y legendario
estadio argentino con un planteamiento que además, salió a la perfección.
Enfrentábamos al Boca de Arruabarrena, que venía masacrando a todos los equipos, venía goleando, tenían un nivel de juego muy alto. Los medios hablaban de que íbamos a perder por goleada. No solo no perdimos, sino que encima empatamos. Tuvimos nuestras chances de ponernos en ventaja, fue un partido que salió a la perfección. Fue una noche soñada, con lo que conlleva jugar en La Bombonera”
Dos empates y tres
derrotas provocaron la salida de Alejandro Nanía de la dirección técnica,
alejando a Nicolás Larcamón del primer equipo tras una breve pero muy nutrida
aventura en la máxima categoría del país. El fogueo con las grandes
instituciones de la nación fue pieza clave en esta corta experiencia, que
filtró y depuró aquellos dos meses en Primera División para obtener las mejores
pasantías en un fútbol arraigado a lo más alto de lo que el propio deporte
significa. Para conocidos y extraños, el fútbol en Argentina es para
remarcar ya que, más allá de lo que pueda significar organizativamente, se vive
y practica como pocos rincones en el mundo.
El fin de su etapa como
asistente técnico, no significó la desvinculación del club. Tras su grado en el
primer equipo, volvió a tomar las riendas del equipo reserva, regresando a ese
puesto tan privilegiado que enmarca el presente y futuro. Pocos trabajos,
incluso dentro del mismo fútbol cuentan con la importancia que este representa.
Nicolás gestó a las reservas por el resto del año calendario, con la percepción
de un nuevo porvenir.
Tiempo después, el
Deportivo Anzoátegui se asomó en la vitrina de Larcamón, quien no dudo en
aceptar dicho reto. La exigencia de lo desconocido no nubló la tarea del joven
estratega, que en poco tiempo demostró su capacidad y nivel para dirigir a toda
una institución. Las historias que empiezan desde el estrato más bajo
del fútbol merecen ser contadas. Un deporte que se ha consumido ante la
modernización del mismo, aún nos relata este tipo de memorias.
Nicolás Larcamón
agradece a Nueva Chicago, una institución que guardará en el recuerdo por
siempre. La compenetración de este verdadero Club Atlético con su barrio se ve
en pocos lugares del mundo. Mataderos guarda uno de los tesoros más ansiados
del continente, una institución que escucha día y noche el aliento de sus
allegados. El superficial espectáculo que significa el fútbol para
muchos, ha ido en aumento durante el nuevo milenio, pero grandes historias
quedan por contar.
Chicago es el club más pasional en Argentina. La gente ahí en Matadores respira Chicago. Uno cuando entra en el barrio, ves pintadas en las paredes, gente vestida con indumentaria del club. Puede jugar un lunes a las tres de la tarde en horario laboral y la cancha tiene veinte mil personas, siempre alentando, no paran de cantar por el club. Es un club que tiene una pasión que no se puede reproducir o comparar con cualquiera otra institución del país”

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