Skyhook: Remembranzas
Daniel Hinojosa (@rovesciatta)
En un año (siglo) que parece la secuencia de un filme de Hitchcock hay poco tiempo para recordar. El ejercicio de recordar necesita tiempo, espacio y un motivo. Motivos sobran, pero el tiempo y el espacio son cada vez posesiones más codiciadas y escasas. Lo curioso es que, como el cardón que florece en medio del desierto, existan resquicios de asuntos semi-inaprensibles para recordar y reflexionar, y que podamos detenernos sobre ellos, muy a pesar de su condición, es simplemente alucinante; como, por ejemplo, la remembranza de tiempos pasados felices. Solo hace falta aguzar los sentidos, captar los detalles y dejarnos embriagar.
En un año (siglo) que parece la secuencia de un filme de Hitchcock hay poco tiempo para recordar. El ejercicio de recordar necesita tiempo, espacio y un motivo. Motivos sobran, pero el tiempo y el espacio son cada vez posesiones más codiciadas y escasas. Lo curioso es que, como el cardón que florece en medio del desierto, existan resquicios de asuntos semi-inaprensibles para recordar y reflexionar, y que podamos detenernos sobre ellos, muy a pesar de su condición, es simplemente alucinante; como, por ejemplo, la remembranza de tiempos pasados felices. Solo hace falta aguzar los sentidos, captar los detalles y dejarnos embriagar.
Bajo el centelleante sol caleño
dominical el detalle del humo rojo por montones, las leyendas presentes en la
sagrada catedral, la atenta mirada de los cuervos esperando carroña luego de
otro fracaso y la sed del náufrago que despilfarró y subvaloró privilegios
antaño, presagiaban otro episodio de memoria. El ejercicio de remembranza del
América de Cali fue como una lluvia en la sequía: tortuosa de esperar, pero
exquisita al llegar. Los jugadores parecieron acordarse de que al escudo que
defendían cada año en el infierno le colgaba una pesa más sobre los hombros que
difícilmente será borrada, pero que será más fácil de difuminar entre menos
pesas halla que tratar. Para el plantel fue un ejercicio de amor propio, para
los fanáticos uno de catarsis y para la institución uno de revelación ante el
mal tiempo; fue, en resumidas cuentas, como sacarle el dedo gordo al profesor
de álgebra el día del grado.
A kilómetros de distancia otro
ejercicio de remembranza fue causado por la conjunción de elementos inciertos.
En Madrid una prenda de material reciclado, la lluvia torrencial y una victoria
sin explicación, anclada en la pesada tradición de la que hace gala el Real
Madrid cuando le escasea el fútbol, embarcaron a más de uno en un recuerdo que
muchos construyeron gracias a vídeos y otros, muy pocos, atesoran celosamente
en su memoria. La lluvia desdibujo el efecto de la sociedad líquida sobre el
deporte. Por un momento pareció que la camiseta carecía de publicidad, marcas y
logos, y que se limitaba a portar un color con un escudo sin más. Un detalle
que recordaba tiempos donde lo único que importaba era la disputa de veintidós
sudados por embocar un tejido inflado en un enjambre de redes. Otro deporte,
otras épocas.
Tiempos de los que es pecado no acordarse y cuya gloria hay que perseguir para intentar emularla, pero que, lastimosamente, no volverán. Esto es lo que hay y lo que habrá. Y cuán necesario se hace, cada vez más, parar el reloj a las malas, enviarle castigado a un rincón del cuarto y sentarse a recordar.
Tiempos de los que es pecado no acordarse y cuya gloria hay que perseguir para intentar emularla, pero que, lastimosamente, no volverán. Esto es lo que hay y lo que habrá. Y cuán necesario se hace, cada vez más, parar el reloj a las malas, enviarle castigado a un rincón del cuarto y sentarse a recordar.

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