Marcos Alonso, entre todos los anfibios
Juan Camilo Ortiz Villa
De todos los tipos de
jugador hay ciertas especies que parecen más exóticas. Algunas de estas cobran
su singularidad por un destacado desempeño en el papel que les corresponde.
Otras, las más raras, se diferencian por asumir funciones más allá de sus
roles, desde centro-atacantes que pisan el área propia en acciones defensivas,
como Alfredo Di Stefano, a porteros con una gran habilidad para tiros libres,
como Rogério Ceni.
De estas últimas, uno
de los casos más remarcables en la actualidad es el del jugador del Chelsea,
Marcos Alonso. Esta es una especie que en principio supone una contradicción:
ser único por su mestizaje. Él es, al igual que otros, un jugador ‘anfibio’ al
manejar más de una zona del campo con igual eficacia. Beneficiado por el 3-4-3
que plantea Conte, el entrenador del club, definirlo como defensa o
mediocampista es complejo.
Si lo identificáramos
como defensor, valdría la pena resaltar que fue el segundo más goleador de la
Premier League 2016-2017, con seis goles, solo superado por James Milner del
Liverpool que marcó todo de penal. Clasificándolo como mediocampista esta cifra
sigue representando una muy buena cantidad para un futbolista con tanta
vocación para la retaguardia.
En todo caso, sin
importar la línea en la que los ubiquemos, al ser un jugador de banda izquierda
se resalta su estatura. Entre los titulares de la Premier que se encargan de
ese costado de la cancha, la medida promedio es de 178.5 cm, casi 10 menos de los
188 cm de Alonso. Esto no es un dato menor, pues lo ha hecho vital en el
sistema del Chelsea.
Y es que el mestizaje
de este español no se limita a las dos líneas más retrasadas. El exfiorentino
también funge como delantero. Su envergadura ha llevado a que se posicione como
segundo atacante en las pelotas en movimiento, ya sea porque el equipo blue esté
avanzando por derecha para tirar un centro o porque su banda ya ha sido ocupada
por otro mediocampista de su equipo.
De todas formas, es un
respaldo imprescindible para el que parezca en principio el único punta de la
formación. En un planteamiento en el que el delantero, antes Diego Costa y
ahora Álvaro Morata, debe lidiar con dos centrales, la entrada de Alonso al
área auxilia su trabajo, substrayéndole una marca o impactando el balón a
portería.
Para encontrar otro
jugador defensivo de banda con habilidad en el juego aéreo no hay que cambiar
de década ni de club. Branislav Ivanovic, que fue lateral derecho de los pensioneers,
también era importante en los balones cruzados al área. Sin embargo, a
diferencia de Alonso, no habitaba los tres tercios de la cancha con similar
importancia. Eso es lo que hace que el español sea único entre todos los
jugadores ‘anfibios’, pues un mapa de calor mostraría la frecuencia en sus
transgresiones a las tres líneas del esquema táctico.
Ya era complejo
clasificarlo como defensa o mediocampista a partir del diseño de Conte. Pero
sumando sus funciones en el centro del ataque, esta definición resulta
imposible. Así, el 3 que lleva como dorsal parece alegórico, aludiendo al
número de hábitats en las que se ve esta especie tan exótica.

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