El agotamiento de un sistema
Daniel González (@DaniDeuder)
Cada año se repite la misma
historia. Llega el mes de diciembre y aparece una piedra inmensa en el camino.
Piedra, claro está, para los grandes equipos de la zona UEFA. Y es que el
Mundial de Clubes sigue siendo un torneo que no interesa más que a las confederaciones
menos mediáticas del planeta. Es decir, que solo les interesa a confederaciones
que representan a más del 75% de la población mundial.
Un Mundial de
Clubes condicionado y dirigido
Este torneo, con el formato actual,
no puede atraer la atención de aquellos que disfrutamos con el fútbol que no
acapara titulares. Un Mundial de Clubes que, por sistema, ningunea a un
campeón continental no es defendible. Estamos ante unos días de diciembre
en los que, siempre, el campeón oceánico se ve relegado a lo más insulso del
torneo. Relegado a tener que pasar una prueba de nivel para ser aceptado en el olimpo
del fútbol. Y todo ello a pesar de que ya en el pasado el representante de la
OFC ya dio muestras de capacidad.
Era la edición del 2014 y el Mundial
de Clubes se alojaba en Marruecos. Allí, en el norte de África, Auckland
City se elevó sobre todos los demás. Superó al anfitrión y al campeón
africano para sucumbir, tan solo, a una prórroga eterna ante el campeón sudamericano.
Fue una gesta que tuvo relevancia y que, por unos días, colocó al fútbol kiwi
en un lugar de privilegio. Una posición conocida para sus hermanos del rugby,
pero no para los asiduos del fútbol oceánico.
Y es que estamos ante un torneo
dirigido para dar lucimiento a los grandes protagonistas habituales.
Representantes UEFA y CONMEBOL parten con una ventaja absoluta. Clasificados
directamente para semifinales este torneo ya no representa un objetivo en sus
planificaciones anuales. Sin embargo, como pudimos ver también en esta ocasión,
el fútbol se empeña en seguir su curso.
2017, final
anticipada
Esta vez si. Ahora Gremio y Real
Madrid podrán disputar su particular Intercontinental. Sin embargo, en
la retina de los aficionados quedará la actuación de actores secundarios que,
por un día, fueron protagonistas. Ali Khaseif ha sido un caso especial
este año. De las burlas iniciales sobre su calidad a la admiración por sus
reflejos bajo palos. Ali Mabkhout también suma su parte de protagonismo. Delantero
de calidad, inteligente de espaldas al arco rival y con una capacidad de
desmarque que justifican sus números la pasada campaña en el torneo local.
Dos jugadores que ya son conocidos,
al menos durante los próximos días. Además, jugadores de una zona del planeta
que, salvo por el trabajo de la Academia Aspire, no exporta jugadores fuera de
su ámbito de actuación. Quizá este sea un empujón a que los ojos de los clubes
europeos se vuelvan hacia un fútbol que atesora calidad y deficiencias tácticas
a partes iguales.
El año pasado Kashima Antlers
aprovechó su oportunidad. Yu Kobayashi fue protagonista en la primera semana
del torneo y Gaku Shibasaki en la segunda y definitiva. Al segundo le valió
para que el C.D Tenerife y el Getafe C.F. después, se fijaran en su calidad. Y,
porque no, le abrieran las puertas a una selección que acumula talento en su
zona del campo. El Mundial de Clubes de esta temporada tendrá el campeón que
quiere la FIFA. Sin embargo, como siempre, el protagonismo y el recuerdo se lo
llevan jugadores de menos calado mediático. Al menos para eso nos sirve este
torneo.
El Real Madrid
vencedor del torneo
Finalmente el campeón europeo se
alzó con el título en este Mundial. La FIFA, esta vez sí, tuvo su final soñada.
Aunque, paradojas del destino, el campeón en ninguno de los dos encuentros
disputados mostró su mejor versión. Mientras tanto, seguimos viviendo un torneo
en el que el campeón apenas le presta atención y quien más lo prepara, lo cuida
y lo valora se ve, año tras año, ninguneado. Quizá y solo quizá algún año
veamos un torneo en igualdad. Asia, África, Oceanía y América del Norte se
merecen más respeto. Al fin y al cabo, “solo” representan a más del 80% de la
población mundial.



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