Hervé Renard, el rey de África
Nota extraída de El 9 y medio. Escrita por Juan Pablo Gatti (@GattiJuan).
La
ciudad francesa de Aix-les-Bains, situada en el departamento de Saboya, es una
verdadera belleza. Rodeada por los Alpes, cuenta además con el puerto de ocio
más grande de agua dulce de toda Francia, un lugar tanto para descansar en
familia como para practicar toda clase de deportes acuáticos. Un lujo con el
que se encontraba el joven Hervé Renard cada día cuando era un muchacho lleno
de ambiciones. Se la pasaba en ese paradisíaco lugar pateando un balón a toda
hora pero, aunque no era un niño prodigioso con el cuero, si tenía algo que lo
caracterizaba del resto: un aura especial.
Renard se retiró con apenas 30 años, pero ya tenía en claro que su carrera sería más gratificante si miraba los encuentros desde el banquillo”
Si
bien no pudo cumplir su sueño de triunfar en Primera División (solo disputó un
encuentro con el AS Cannes), sí logró tener una carrera por demás extensa, ya
que se mantuvo en activo desde 1983 hasta 1998, cuando decidió suplantar los
botines por los mocasines. Su primer paso detrás de la línea de cal fue en su
último club, el SC Draguignan, al cual en un par de campañas logró hacerlo
pasar de sexta a cuarta categoría. Nadie lo sabía, pero en aquel pueblito de la
Costa Azul comenzaría la verdadera historia del hombre que nació para convertir
en oro todo lo que toca en África.
De
discípulo de Le Roy a rey africano
Corría
el año 2002 cuando por esas casualidades de la vida Renard conoció a Claude Le
Roy, un trotamundos que había puesto las bases de la gran Camerún que se vería
en el Mundial de Italia 1990 (bajo su manto ganaron la Copa Africana de 1988,
aunque luego se iría a Senegal). Tenía ahora la dura misión de dirigir en el
fútbol chino y se encontraba buscando a un asistente. Fue entonces cuando quedó
prendido del conocimiento y la determinación que Hervé emanaba. A veces el tren
pasa solo una vez en la vida, y el ex defensor había conseguido subirse a
tiempo para emprender la aventura de su vida.
En
el 2007 arribaría por primera vez al continente que terminaría por enamorarlo.
En la selección de Ghana comenzaría a despedirse de su mentor para comenzar a
dar sus primeros pasos en soledad. Su primer conjunto fue Zambia, donde en el
2010 alcanzaría los cuartos de final de la Copa Africana de Naciones (CAN), la
primera vez en 14 años que los Chipolopoloalcanzaban dicha instancia (perderían
por penales ante la poderosa Nigeria). Se tomaría un breve impasse de aquel
seleccionado para dirigir primero a Angola (por solo 3 encuentros) y al USM
Alger de Algeria, y luego sí, en el 2011, comenzaría la historia que todos
conocemos.
Lo primero que Renard hizo cuando le dieron la medalla de campeón en el 2012 fue quitársela y dársela a Kalusha Bwalya, actual presidente de la Federación de Zambia y que se salvó de perecer junto a sus compañeros en 1993 en un accidente aéreo. Entendió que había alguien más importante que él en aquel país”
Renard
ganaría las CAN con Zambia en el 2012 (que alcanzaba el título por primera vez
en su historia) y Costa de Marfil en el 2015 (para cerrar con un merecido
título el ciclo de la llamada “Generación Drogba”, aunque este ya no se
encontraba dentro del grupo), siendo el único que hasta la fecha logró la
hazaña de levantar el trofeo con dos países distintos. Si bien como entrenador
aún no ha podido cumplir su sueño de triunfar en la Ligue 1 (descendió con el
Sochaux y no haría una buena campaña en el Lille), sí que es todo un triunfador
en el continente africano. Su nueva hazaña ha sido llevar a Marruecos a un
Mundial luego de 20 años, ni más ni menos.
El
proyecto marroquí
Marruecos
es cuna de buen fútbol. Son fieles exponentes de la “Escuela del Magreb” (como
Túnez y Argelia), en donde la técnica es muy importante. Sus jugadores son
físicamente más menudos que sus pares de la denominada “África profunda”, por
lo que han tenido que profundizar otros conceptos, más técnicos, que los han
llevado a ganarse la consideración mundial.
Pero
aunque sean uno de los grandes del continente, se han visto envueltos en un
bajón de rendimiento muy importante desde su última participación mundialista
(Francia 1998). No solo no pudieron regresar a una Copa del Mundo, sino que,
además, solo en Túnez 2004 (cuando fueron subcampeón) pudieron pasar la fase de
grupos de la Copa de África.
La inestabilidad en estos últimos 20 años fue tal que luego del ciclo de Henri Michel (1995-2000) por los banquillos de la escuadra norteafricana, pasaron nada menos que 15 entrenadores. Una verdadera locura”
Cansada
de esta situación, la Federación Marroquí de Fútbol se propuso volver a las
bases: había que jugar bien, sí, pero para hacerlo de manera sostenida debía
generarse un proyecto abarcador. Fue por ello que decidieron concentrarse
plenamente en la formación y detección de jóvenes talentos, tanto en el país
como en el extranjero, para formar una estructura sólida. Y además confiaron en
el doble campeón africano para terminar de darle forma a esta propuesta.
Y
es allí donde el toque de Midas de Renard hizo lo suyo: los Mehdi Benatia,
Nabil Dirar, Achraf Hakimi, Mbark Boussoufa, Karim El Ahmadi o Nordin Amrabat
terminaron explotando bajo su mandato, aunque cabe destacar que fue algo mutuo,
ya que la Federación confió en su mirada y a su vez el blondo francés dejó que
sus talentosos muchachos hicieran el resto.
Luego
de clasificar a los Leones del Atlas a cuartos de final de la Copa Africana por
primera vez desde el 2004, el trabajo se centró específicamente en las
eliminatorias, donde Renard y sus muchachos debieron medirse ante grandes
seleccionados como Gabón, Mali y un viejo conocido, Costa de Marfil.
Con
un 4-2-3-1 como idea base (aunque Renard no se caracteriza por estructurarse
bajo una sola táctica), el equipo comenzó de manera dubitativa el camino hacia
Rusia (empates a cero ante los gaboneses y marfileños), pero la buena actuación
en la competencia continental más importante terminó por ser el impulso mental
que todos necesitaban. Tanto es así que desde entonces Marruecos ha disputado
once encuentros (entre oficiales y amistosos), ganando siete, empatando dos y
perdiendo únicamente los dos restantes. Y fue tal el estado de forma alcanzado
que se han clasificado sin recibir un solo gol en contra, una hazaña al alcance
de muy pocos equipos en toda la historia.
Sin ser un equipo defensivo, Marruecos no recibió gol en la fase de grupos final de la eliminatoria africana”.
Quizás
Renard aún no haya podido ser un profeta en su propia tierra (y solo él sabe
cuánto anhela tener una nueva oportunidad), pero lo que sí sabemos es que el
francés que miraba las montañas y soñaba en grande se ha convertido en un entrenador
de culto en África. Y el orgullo que siente cada mañana al despertar no se lo
podrá quitar nadie. Ahora tendrá el reto mayor de llevar ese toque de Rey Midas
al Mundial.



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