Skyhook: Coetzee tú, anarquista yo
Daniel Hinojosa (@rovesciatta)
Simbolismo, más allá de
enrevesadas definiciones típicas de diccionario filosófico, es un estilo
literario que Moréas, su precursor, definió como “enemigo de la enseñanza”. Más
allá del enunciado, este esconde intenciones de mostrar el mundo como un sudoku
de periódico de domingo esperando a ser resuelto, y en aras de dicha labor el
escritor debe encontrar los vínculos entre los objetos sensibles para,
entonces, desempolvar el puente de piedra vetusto y transitar sobre su historia
en busca del todo.
El simbolismo en sus letras
ha caracterizado, por ejemplo, a J.M. Coetzee, premio nobel de literatura
sudafricano, a lo largo de su carrera. Lo que John Maxwell nunca supo, mientras
apañaba en su estudio a poca luz los primeros trazos de obras como “desgracia” y
“diario de un mal año”, era que un compatriota gemelo de apellido iba a tomar
de él, maestro de la disección precisa de su sociedad, la técnica para
arremeter en contra de lo establecido. El sábado pasado en Newlands, el coloso
de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, Allister Coetzee, entrenador de los
Springboks, fue un simbolista más; fue, desde el primer minuto, en contra de
aquella enseñanza que dice que contra los All Blacks no hay fórmula ni
menjurje, y que no queda más remedio que aguantarles con kilos de masa muscular
y centenares de rosarios rezados en la semana previa al cotejo. Porque son
ellos los que tienen tan solo cinco derrotas desde 2011.
Los Springboks eran el
último escollo de la tribu maorí por excelencia para alzarse con el Rugby
Championship de este curso. Coetzee planteó un partido reactivo de principio a
fin, sin regalar medio centímetro e incomodando, dentro sus posibilidades, la
gestación de juego de los neozelandeses. El sudoku se fue desentrañando a
medida que, por los pequeños vínculos de la aportación individual, Sudáfrica
fue tejiendo los caminos para buscar el todo. Desde la aplicación sistemática y
acertada del balón a tierra hasta la resistencia mastodóntica de su hooker,
Malcolm Marx y el ímpetu del espíritu anarquista de su capitán, Eben Etzebeth,
recordando, independiente de sus marcadas diferencias en estilo y aplicación
táctica, a François Pienaar -el hombre que detuvo a Jonah Lomu-. Etzebeth fue
la representación artística de un cuadro en bucle en el que el protagonista, anarquista
luchando contra el régimen, no se cansa de colisionar contra un muro de
concreto infranqueable que, a cambio de sus marcadas cicatrices, apenas va
cediendo de a ínfimas fracturas. Sudáfrica acabó con catorce hombres y una
derrota, pero el orgullo intacto.
La expresión impávida de Kieran Read, capitán de los All Blacks, al cierre del partido que acabó 24-25 y significó el título invicto para los neozelandeses, fue una muestra más de que el enemigo no logró cruzar el puente vetusto para llegar al todo, pero hizo temblar los adoquines del reino. Y eso, ante una caballería milenaria y colosal, es la muestra de que el simbolismo es el camino: Nueva Zelanda tiene puntos débiles mínimos -objetos sensibles-, y para llegar al todo, la victoria, hay que encontrar los vínculos entre unos y otros. Después del despliegue sudafricano y de la excelsa labor de los Lions en sus cuatro encuentros recientes, parecen vislumbrase luces en el camino más allá de sus cinco derrotas aisladas en estos años. La clave pasa porque los cuerpos técnicos consuman, a partes iguales, partidos de la tribu maorí, café para el pestañeo de madrugada y libros de Coetzee. Leer a un nobel y vencer a los All Blacks como recompensa del trasnocho no estaría nada mal.
La expresión impávida de Kieran Read, capitán de los All Blacks, al cierre del partido que acabó 24-25 y significó el título invicto para los neozelandeses, fue una muestra más de que el enemigo no logró cruzar el puente vetusto para llegar al todo, pero hizo temblar los adoquines del reino. Y eso, ante una caballería milenaria y colosal, es la muestra de que el simbolismo es el camino: Nueva Zelanda tiene puntos débiles mínimos -objetos sensibles-, y para llegar al todo, la victoria, hay que encontrar los vínculos entre unos y otros. Después del despliegue sudafricano y de la excelsa labor de los Lions en sus cuatro encuentros recientes, parecen vislumbrase luces en el camino más allá de sus cinco derrotas aisladas en estos años. La clave pasa porque los cuerpos técnicos consuman, a partes iguales, partidos de la tribu maorí, café para el pestañeo de madrugada y libros de Coetzee. Leer a un nobel y vencer a los All Blacks como recompensa del trasnocho no estaría nada mal.

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