Youssef Benali, el tunecino que brilló con Qatar
Por: Irati Vidal (@Irati_16).
Como la mayoría de niños, Youssef Benali
(Túnez, 1987) soñaba con ser futbolista y participar en un mundial. Su sueño se
cumplió a medias. Participó en el Campeonato del Mundo, pero lo hizo como
jugador de balonmano. Y no le fue nada mal. En el mundial de Qatar 2015, el
tunecino se colgó la medalla de plata con la sección qatarí dirigida por Valero
Rivera. El éxito fue rotundo, pues llegaron como invitados y se colaron en la
final convirtiéndose en el primer país no europeo en ganar un metal
mundialista. Nadie dudó de la épica e importancia de aquel triunfo. Sin
embargo, el éxito pronto quedó empañado por la polémica. Porque, como Youssef,
la mayoría de integrantes de la selección de Qatar eran jugadores extranjeros
que se habían nacionalizado para aquel campeonato. El pivote tunecino, actual
jugador del Ivry francés, huye de la controversia y asegura que aquello “fue el
resultado de dos duros años de trabajo, no de cuestiones burocráticas”. Nos lo
cuenta horas antes de disputar la semifinal del campeonato asiático, que ganara
dos días después.
Estás a punto de jugar una semifinal del
Campeonato de Asia con la selección del Qatar pero naciste en Túnez. ¿Cómo se
explica eso?
Es fácil, Qatar me llamó antes que mi país.
De joven hice un stage con el equipo nacional de Túnez. Pero en aquel momento
había mucho nivel, sobre todo en mi posición, y tenía pocas opciones de ser
seleccionado para un campeonato. Yo era joven pero soñaba con ser internacional
y sabía que en mi país no podría serlo por lo que decidí buscar otra
oportunidad e irme a jugar fuera. Elegí Qatar y fue lo mejor que pude hacer,
porque en mi segunda temporada en tierras qatarís me propusieron jugar con la
selección y acepté.
¿Qué te llevó a dar el sí quiero a una
selección que no había ganado nada hasta el momento?
La forma en la que me vendieron todo.
Habían preparado un proyecto encarado al Campeonato del Mundo de 2015 que se
celebraría allí, en Qatar. Querían promocionar el balonmano realizando un buen
torneo y entonces dije, ¿por qué no? Voy a jugar un mundial, en una selección
con opciones a medalla y contra los mejores. Era mi sueño y acepté sin pensarlo
mucho.
¿Qué es lo que más te convenció del
proyecto?
La calidad del grupo. En esa selección
había grandes jugadores. Además, todos ellos compartían algo conmigo, estaban
siendo eclipsados por el potencial de sus compatriotas pero podían brillar sin
problemas en un mundial. La mayoría eran internacionales de nivel como Daniel Saric,
Borja Fernández o Rafael Capote. Era un grupo muy competitivo y eso me
ilusionó, no podía perder una oportunidad como aquella.
Pese a la calidad de los jugadores, el reto
era mayúsculo. Porque en todas las selecciones, la mayoría de los deportistas juegan
juntos desde las categorías inferiores. Sin embargo, vosotros no habíais
compartido ni un solo entrenamiento. ¿Cómo fue la preparación para que un grupo
de jugadores que no se conocían tuviera tanta química en el 40x20?
Valero nos juntó a todos en 2014 y
empezamos a trabajar juntos, todos los días. Excepto Saric, que jugaba en el
Barcelona, todos estábamos en la liga qatarí y entrenábamos cada día con la
selección. Así, con una dinámica de club más que de equipo nacional, logramos
crear un grupo casi perfecto y eso se notó. Ganamos el primer campeonato de
Asia en enero de 2014 y después, en setiembre, nos proclamamos campeones de los
Juegos Asiáticos. A partir de ese momento, empezamos a preparar el Campeonato
del Mundo. Y el trabajo tuvo sus frutos, hicimos un muy buen torneo y acabamos
ganando la medalla de plata. Perdimos contra Francia en la final por solo dos
goles y eso también fue un premio, pues son los mejores.
Caísteis en una final que se antojaba un
paseo para la Francia de Karabatic. Pusisteis contra las cuerdas a la mejor
selección de todos los tiempos y asombrasteis al mundo del balonmano. Erais los
únicos que creíais poder derrotar a les bleus, y lo acabasteis haciendo un año
más tarde.
Sí. Después del mundial, disputamos un
amistoso en París y ganamos a Francia, que jugaba como anfitriona, y a
Alemania, campeona de Europa. Esas victorias no eran más que el efecto
mundialista. La final de 2015 nos dio mucha confianza. El grupo empezó a creer
en sus posibilidades y a mejorar el juego combinativo, algo muy importante
cuando juegas contra equipos como Francia.
Sin embargo, Qatar pronto volvió a ser la
de antes. Por los resultados conseguidos hasta el momento, se esperaba que la
selección qatarí pisara el podio de los Juegos Olímpicos de Rio 2016, pero se
despidió en cuartos de final con un contundente 34-22 ante Alemania. ¿Qué pasó
en las olimpiadas?
Pasó que Qatar fue víctima de su política
deportiva. Yo, por ejemplo, no fui a Rio porque ya no jugaba en Qatar y desde
allí pedían a Valero que todos los seleccionados estuvieran en la liga del
país. Pero no les salió bien. El grupo no era el mismo y los resultados tampoco
lo fueron. Por eso, después de los Juegos, Valero volvió a llamar a aquellos
jugadores de los que había prescindido e intentó buscar una solución. Y como el
éxito siempre interesa, la encontramos. Así que, por suerte, en octubre de
2017, pude volver a la selección para preparar el mundial de Francia.
Hablemos del equipo. El grupo que quedó
subcampeón del mundo estaba formado por el 90% de jugadores extranjeros, solo
Ameen Zakkar, Abdulla Al-Karbi y Abdulrazzq Muraz eran qatarís. ¿Qué piensas
sobre ello?
Que no es nada malo, porque Qatar nos dio
la oportunidad que en nuestro país no teníamos. Todo aquel que quiere jugar el
Campeonato del Mundo, el de Ásia o cualquier competición internacional busca la
profesionalidad, y Qatar nos la dio. Yo creo que esto, como es legal y la IHF
lo permite, está bien. El problema es que la gente habla de cuestiones
burocráticas pero nadie se fija en el fondo de todo ello. La realidad es que
todos éramos buenos jugadores que no habían tenido la oportunidad de ser
internacionales con su país natal.
Pero, ¿es justo?
Sí. Yo no le veo el problema. Todo el mundo
puede hacerlo. Si hay jugadores libres en el mercado que no juegan con su país
natal, por qué negarles la posibilidad de ser internacionales y jugar las
mejores competiciones. Lo ha hecho Qatar, pero antes ya lo habían hecho otras
selecciones como España, que tiene a Arpad Sterbik (serbio) en portería y que
antes tenía a Rutenka (bielorruso).
Fuera como fuere, el éxito de vuestra
selección trajo cola. Montenegro denunció la posibilidad de que un jugador que
ya había debutado con un país jugara con otro y la IHF ha endurecido la norma.
Ahora, toda selección que quiera jugar un partido oficial puede tener solo 3
jugadores naturalizados que hayan adquirido dicha nacionalidad después de los
16 años. Si esta norma hubiera existido en 2015, solo 3 de tus compañeros no
qatarís hubieran podido jugar aquel mundial. ¿Qué piensas del cambio?
Pues que es una forma de quitarle
oportunidades a jugadores que han nacido en países con mucha competencia. Al
final, si quieres garantizar el espectáculo, los campeonatos internacionales
tienen que jugarlos los mejores, sea para la selección que sea. Por eso creo
que esta nueva norma no ayuda a la promoción del balonmano. Porque se obliga a
que haya países que tengan que convocar a jugadores que quizás no están a la
altura, cuando hay otros que, por nacer en el país equivocado, tendrán que
mirarse el mundial desde casa. El problema es que cuando llegó nuestro
subcampeonato la gente vio a los jugadores y se olvidó que detrás había un trabajo
diario de dos años. Menos Saric, que estaba en el Barça, todos vivíamos allí y
trabajamos cada día para la selección. El éxito no viene de la nacionalidad,
sino del trabajo.
Que el éxito viene del trabajo y no de la
nacionalidad, es una frase muy Valero Rivera, vuestro mentor en Qatar. Él
siempre ha dicho que “si solo se piensa en ganar es más fácil perder” y que “es
mejor pensar en cómo ganar”. ¿Qué piensas del considerado mejor entrenador del
mundo?
Bfff. No tengo palabras. Para mí es el
mejor. Tiene una visión del balonmano increíble, lo sabe todo y además es
comprensivo y buen gestor de grupo. Creo que nació campeón. Nació con un
espíritu que le obliga a trabajar para ganarlo todo. Eso es lo que nos hizo
creer a nosotros. Nos enseñó que estábamos allí para ganar y nada más. Y que
para conseguirlo teníamos que trabajar más y mejor que nadie en el mundo. Ese
carácter y la confianza que nos transmitió, fueron esenciales para lograr el
subcampeonato.
En declaraciones a ELPAÍS, el propio Valero
reconocía que vuestro éxito ha sido el mayor que ha conseguido en su
trayectoria como entrenador. “Estoy muy orgulloso de ellos. Llevamos mucho
tiempo trabajando duro, como un equipo. Es lo más difícil que he conseguido en
toda mi carrera”, dijo. ¿Cuál crees que fue la clave de aquel éxito?
La clave fue él. Nos hizo mejorar como
jugadores y como grupo. Consiguió que creyéramos en nosotros mismos y que
confiáramos en nuestras posibilidades, individuales y colectivas. Cuando nos
llamó, nadie supo decirle que no, todo el mundo sabe que es un campeón nato
capaz de cambiar el rumbo de cualquier equipo. Por eso, cuando nos pedía algo,
tampoco podíamos decir que no. Creía tanto en lo que hacía, que nadie le
hubiera llevado la contraria. Y así, creó un equipo de la nada y lo convirtió
en campeón.
Como jugador, ¿qué te ha aportado?
Todo. Me ha hecho mejorar en todos los
sentidos, a nivel defensivo, táctico, ofensivo y técnico. Con él, pasé a otra
dimensión y eso es una realidad que no solo digo yo, sino que también la
comparten muchos entrenadores. Me encanta el estilo de juego de Valero y me
siento muy cómodo en él. Por eso creo que he mejorado tanto. Sin Valero y su
trabajo, nada de lo que he conseguido hubiera sido posible.
Los primeros años en la selección qatarí te
convirtieron en uno de los referentes mundiales en tu posición. Te empezaste a
codear con jugadores de la talla de Julen Aginagalde o Bartosz Jurecki
(Polonia) y Túnez volvió a llamar a tu puerta.
Así es, después del Campeonato del Mundo de
2015, el Espérance, el equipo de mis sueños, me llamó. Y no pude decir que no.
Sentía que mi ciclo en el SC Lekhwiya había terminado y volví a casa. Qatar me
lo había dado todo pero necesitaba volver. Y lo hice.
El Espérance Sportive de Tunis fue tu
primer club profesional y al que volviste después de consagrarte
internacionalmente ¿Fue una forma de cerrar el círculo?
El Espérance siempre será el club de mis
sueños. En Túnez, todos los niños quieren ser futbolistas y vestir la camiseta
del mayor club del país, el Espérance. Eso es lo que quería yo y, como sabía
que como futbolista no iba a ser, aposté por el balonmano y lo conseguí. Por
eso, cuando sentí que mi etapa de clubes en Qatar finalizaba, no dudé en el
destino. Tenía que volver a casa, porque era una forma de cristalizar mi doble
sueño: ganar una medalla mundialista y traerla de vuelta al Espérance.
Y de ahí, das el salto a la Ligue1
(Francia), una de las mejores del planeta.
Sí, ahora juego en el Ivry francés, en una
gran competición. Es la liga de la mejor selección de la historia. Casi todas
las estrellas mundiales juegan allí. Por eso, estoy muy contento de jugar en
Francia y espero aportar todo lo que pueda al equipo.
Se trata de una liga muy competitiva pero, como en el fútbol, el dominio económico del París Saint-Germain hace sombra al resto de equipos.
Así es. Lo bueno es que, en balonmano,
aunque ellos fichen a los mejores, todavía no han conseguido dominar la liga.
Perdieron contra el Lille, contra el Montpellier y contra el Nantes y van
terceros. La dinámica es un poco diferente a la del fútbol. Pero también es
verdad que están construyendo un equipo lleno de estrellas y la lógica es que
se acaben imponiendo. Tienen a Karabatic, a Hansen y ahora van a fichar a Viran
Morros. Es una locura. Pero a nivel personal, jugar contra los mejores siempre
ayuda.
Ahora que compites en una de las mejores
ligas del mundo y que ya tienes metales internacionales, ¿cuál es tu objetivo?
Mi objetivo siempre ha sido tener un buen
proyecto deportivo entre manos y sentirme partícipe de él. Y lo sigue siendo.
Me gustaría jugar la Champions ¿a quién no? Pero también sé que a mi edad ya es
un poco difícil dar el salto. Eso sí, yo sigo creyendo y nunca dejare de
hacerlo.



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