Entre drogas, corazones y escepticismo
El fútbol italiano es la mezcla de belleza con escepticismo en su más puro estado. Un nuevo capítulo de tragedia se escribió la mañana del cuatro de marzo, cuándo previo al Udinese vs Fiorentina por la Serie A, Davide Astori fue encontrado muerto en su habitación de un presumible paro cardíaco. Para los italianos se trata de un nuevo trágico caso en el club Fiorentina, que tiene en su historial una terrible fortuna para las enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica, tumores, problemas cardíacos, leucemia y demás causas de muerte que se tornan misteriosas, permitiendo pensar que algo ocurre, u ocurrió en Florencia durante mucho tiempo.
Entre 1970 y 1980, algo se tornó raro en
los vestuarios de la Fiorentina. Sus jugadores morían jóvenes sin razón
aparente, mientras que otros después de viejos enfermaban de gravedad hasta
morir. El caso más emblemático fue el de Bruno Beatrice, que murió a los 39
años de leucemia, dando paso a otros casos como el de Giuseppe Longoni, que a
los 64 años fallecía luego de muchos años en silla de ruedas tras sufrir una
vasculopatía y presentar daños cerebrales.
Un tumor en la amígdala acabó con la vida
de Ugo Ferrante a sus 54 años de edad, mientras que Nello Saltutti y Massimo
Mattolini engrosaban la lista tras un ataque al corazón y una insuficiencia
renal respectivamente. Mario Sforzi también murió de un linfoma y Ferruccio
Mazzola falleció en 2013 tras pelear con una larga enfermedad, su caso generó
impacto en el mundo ‘calcistico’ tras acusar al Inter de Helenio Herrera de
dopar a sus jugadores colocándoles anfetaminas en el café. Luego vinieron las
noticias más positivas: Domenico Caso sobrevivió a un tumor hepático, Giancarlo
de Sisti a un absceso cerebral y Giancarlo Gialdolo a la demencia y el ELA.
Esta última enfermedad cegó la vida de Armando Segato en 1973 con apenas 43
años. Con un año menos murió Gianluca Signorini, ídolo y capitán del Genoa,
mientras que Stefano Borgonovo —quien era el gran símbolo italiano contra la
ELA— falleció y se unió al largo y lamentable listado.
¿Una justificación para todo esto? El
doping. La hija de Bruno Beatrice comentó que su padre era constantemente
sometido a una inyección a la que llamaba ‘el globito morado’, de contenido
desconocido y que –externamente- se hacía ver ya que mientras todo cicatrizaba
correctamente en él, los tres puntos morados por dónde se introducía la aguja
no se borraron jamás de su brazo. Además, Beatrice se exponía constantemente a
40-45 minutos de Rayos X para curar sus lesiones. Asimismo en el Informe
Robinson el ex atacante del Milan, Carlo Petrini contó que los futbolistas de
su época eran sometidos a una inyección que los hacía rendir a su máximo
potencial físico en el campo, sin sentir cansancio hasta aproximadamente las
cuatro de la mañana del día posterior. Y a todo lo denunciado, el uso abusivo
de los anti-inflamatorios generó una gran ola de tragedia, que se desató en
Florencia con ELA, enfermedades terminales y muertes misteriosas.
Sin embargo, esa no fue la única gran
oleada del fútbol italiano. Años antes de dicha historia, la Tragedia de
Superga en 1949 azotó al ‘Grande Torino’ y a una selección italiana que vió a
la mayoría de sus internacionales morir a bordo de un avión. También se
producirían muertes tan insólitas cómo reales, como la de Gigi Meroni en 1967
cuándo fuese envestido y arrollado por un automóvil, que iba conducido por
Attilio Romero, quién para la fecha era un simple fanático pero 35 años después
se convertiría en presidente del Torino Calcio; o la de Luciano Re Cecconi,
futbolista de la Lazio que a sus 28 años ingresó a una joyería con un compañero
de equipo fingiendo ser un ladrón, provocando que el dueño del establecimiento
le disparara en el pecho, sin saber de que se trataba de una broma de muy mal
gusto.
Luego, la historia de los paros cardíacos
tomó gran fuerza y generó muchísima preocupación en las canchas de la Serie A.
El juvenil Stefano Gessa murió de un infarto en noviembre de 1993 en el
entrenamiento del Cagliari. Casi veinte años después, el defensor español Dani
Jarque moría en su hotel de concentración en Converciano (Florencia) de una
asistolia. El nigeriano Daniel Gabriel en 2010 y más recientemente Piermario
Morosini en 2012 se desplomaron a medio partido e ingresaron sin vida a los
hospitales. Quedan como casos aislados un par de accidentes de tráfico (Gionata
Mingozzi en 2008 y Jason Mayelé en 2002) y el penoso deceso del prometedor
central de la Juventus Andrea Fortunato, que murió en 1995 de una leucemia con
apenas 23 años de edad.
Ahora la muerte vuelve a azotar a Florencia
-cuándo parecía que al fin veríamos un poco de paz- con el deceso de Davide
Astori: capitán, ídolo y hombre de familia. Internacional italiano y fiel a los
colores ‘violeta’ cuándo el equipo no tenía para pagar salarios. Lo llora el
fútbol italiano completo, ya que se trató de una persona insigne y respetuosa
dentro y fuera del terreno, con sus compañeros y con sus rivales. Lo lloramos
todos.



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