Un equipo de ensueño
Por: Juan Pablo Gatti (@GattiJuan).
Los Estados Unidos tenían la sangre en el ojo, y les hervía.
Los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988, habían acabado en fracaso luego de que la Unión Soviética, en su última
participación olímpica como nación, los derrotara por 82-76 en las semifinales
(luego se consagrarían campeones al vencer a otra potencia en pleno proceso de
desmembramiento, Yugoslavia). El tercer puesto sería visto como una afrenta
para un país que se enorgullece de su basketball, y luego de saber que la FIBA aprobaría en
el Congreso de Munich -el 7 de abril de 1989- la llegada de los jugadores
profesionales de la NBA a sus torneos (antes no estaban permitidos) por primera
vez, comenzaron los preparativos para lograr armar un equipo que quedase en la
historia.
El primer paso ideado por David Stern y la USA
Basketball era
el formar un combinado fuerte en individualidades, pero cuyo ego no terminase
por destruirlos. Es por ello que el entrenador idóneo para tal misión sería Chuck Daly, bicampeón con Detroit
Pistons entre 1988 y 1990. El hombre de Pensilvania no había tenido bajo su
mandato a figuras estelares (aunque esos Bad Boys contaban con nombres de la
talla de Isiah Thomas, Denis Rodman y Billy Laimbeer), pero no se lo
había considerado por ello, sino por su carisma. No se dejaba intimidar por el
enorme autoestima con el que estas estrellas contaban, sino que los ayudaba
para que se fijasen en un objetivo común.
El otro punto clave fue el buscar que la "Santísima
Trinidad" quisiera participar en este denominado Dream Team, ya que teniendo en el
barco a Michael Jordan, Larry Bird e Earvin "Magic" Johnson sería mucho más sencillo
convencer a los demás jugadores de darle el “sí” al equipo nacional. MJ era la
estrella más brillante dentro del firmamento NBA en ese momento, donde
comenzaba a comandar a sus Chicago Bulls hacia el Olimpo. Pero los otros dos
tenían un significado especial para el equipo de las barras y estrellas, ya que
fueron quienes salvaron a la competencia cuando esta se encontraba a la deriva,
convirtiéndola en un torneo global. Pero había un problema: Bird había
anunciado su retiro por sus problemas crónicos en la espalda y Magic se
encontraba fuera de la competencia luego de expresar en una conferencia de
prensa que portaba el virus del VIH. Pero Johnson aceptó encantado formar parte
de este grupo de leyendas y atrajo tras de si a los demás gracias a su enorme
carisma. “Lo he conseguido todo, solo me falta una medalla olímpica. Quiero jugar”
expresó el hombre del Showtime de los Lakers, y el resto lo siguió. Luego
de verlo resurgir en el Juego de las Estrellas de 1992, nadie dudaba de que
Jonhson de verdad quería ganar esa presea dorada.
El dilema: ¿Mantener el statu quo o
renovarse?
Estados Unidos siempre había acudido con
jugadores universitarios a los torneos de la FIBA y esa había sido otra de las
trabas cuando se conoció que los NBA podrían comenzar a participar de las
competencias internacionales. ¿Cuántos irían finalmente? ¿Hasta dónde
cederían todos?. Luego de momentos de mucha tensión se decidió que solo
un estudiante acudiese a la cita en España, y ese sería finalmente Christian
Laettner de la prestigiosa -y odiada- Duke, quien le ganó la pulsada al
poderoso Shaquille O´Neal. Si bien Laettner no tendría finalmente una carrera
tan recordada como las de sus colegas del USA Team (producto de las lesiones o
el uso de drogas, entre otras cuestiones), en ese momento no se podía
cuestionar su elección, ya que traía tras de si dos títulos universitarios,
entre otros premios individuales. Incluso su dorsal número 32 fue retirado en Duke,
donde siempre se lo recuerda con cariño.
Nadie podía imaginarse al Dream Team
(equipo de los sueños en español) sin el oro. Cuando llegaron a Barcelona,
ciudad de los Juegos, el público se volvió completamente loco, llenando los
estadios para ver a este conjunto y vitorearlo, incluso sus rivales se
postraban ante ellos, mirando atónitos sus jugadas marca NBA, y hasta hubo
casos en los que les sacaban fotos los suplentes para guardarlas en el
recuerdo. Porque fue la primera vez que apareció un equipo así, y vaya a saber
uno si volverá a salir otro de semejante
calibre nuevamente. Los jugadores escogidos para jugar en el estadio de
Badalona (suburbio catalán) fueron: Charles Barkley, Larry Bird, Clyde Drexler,
Patrick Ewing, Michael Jordan, Karl Malone, Chris Mullin, Scottie Pippen, David
Robinson, John Stockton, Magic Johnson y Christian Laettner.
El único que faltó a la cita olímpica fue
el controvertido Isiah Thomas, que era amigo de Magic pero enemigo
acérrimo de Jordan, a quien había logrado eliminar junto a los Pistons gracias
a las “Jordan Rules”. Se sabría luego que MJ aceptaría participar si Thomas no
iba, y si bien tenía este la opción de acudir a Jonhson para hacer que
recapaciten en el equipo (no era del agrado de muchos de los jugadores
seleccionados) lo cierto es que este le había soltado la mano luego de que el
laker admitiera ser portador del VIH, lo cuál lo dejó destruido.
Luego de las idas y venidas, el grupo de
los futuros Hall of Fame estaba listo. Pero antes debieron atravesar dos
encuentros que marcarían un hito en la historia del baloncesto norteamericano.
Dos partidos que todo amante de este deporte quisiera ver completos, aunque nos
debemos conformar con algunas imágenes.
La única derrota y el “mejor partido que
nunca se vio”
Daly no era ningún tonto. Sabía que con el
equipo que había diseñado no debía tener problemas en volverse a casa con el
primer puesto, pero también tenía en claro que si había llegado hasta donde
llegó no fue solo por suerte, sino por tener una vista aguda para comprenderlo
todo. Tenía que hacerles comprender a sus muchachos que para ganar hacía más
que saltar, bloquear o volcar.
Cuando el equipo se preparaba en La Jolla
(California), Daly llamó a Mike Krzyzewski para que conformara un fuerte seleccionado
universitario, en donde se encontraban, entre otros, futuras estrellas de la
talla de Chris Webber y Grant Hill. Estos adolescentes jugaron el que
seguramente haya sido el encuentro de sus vidas y en un giro insospechado
lograron derrotar al USA Team por 62-54, siendo esta la única caída de este
glorioso equipo.
Krzyzewski diría después que el técnico de
los Bad Boys “perdió a propósito”, pero que nunca le había contado sus
intenciones, porque de haberlo sabido “seguro la liábamos”. ¿Qué hizo Daly
aquel día? Dejó mucho tiempo a Jordan en el banquillo, rotó sin parar a los
jugadores, no dio muchas instrucciones y no fue pidiendo tiempos muertos para
arreglar cosas, haciendo que ese día el equipo fuera anarquía pura. Los
seleccionados entendieron el mensaje: debían estar más unidos, pasarse más el
balón y comprender que para ganar debían ser un equipo. Con su ego herido por
esta derrota sorpresiva y habiendo captado todo, al día siguiente ganaron por
100 puntos de diferencia. Daly sonrió: sus muchachos ya no eran un grupo de
niños caprichosos y millonarios con un ego exagerado, eran hombres con un
instinto asesino, dispuestos a todo con tal de ganar.
Pero aún quedaba el encuentro más grande
jamás disputado. Cuando llegaron a Montecarlo para prepararse para el torneo
olímpico, los norteamericanos se pasearon por todos lados: conocieron los
campos de golf (Jordan era un gran aficionado), comieron con el príncipe
Alberto e incluso muchos gastaron sus dólares en los casinos. Daly, temiendo
que esto distrajese mucho a su equipo, decidió que era tiempo de que se tomasen
las cosas en serio. Es por ello que preparó un verdadero encuentro All Star,
sabiendo que aunque ganaran millones, estos jugadores amaban más que nada en el
mundo el baloncesto y odiaban perder, aún si era en un entrenamiento.
Se formaron dos equipos: Michael Jordan
lideraba a los de blanco con Karl Malone, Patrick Ewing, Larry Bird y Scottie
Pippen, mientras que los de azul tenían a Magic Johnson a la cabeza, junto a
Charles Barkley, Chris Mullin, David Robinson y Clyde Drexler. El Jordan versus Magic fue mágico pero a la vez simbólico: la victoria del hombre de los Bulls
suponía el traspaso del cetro del mejor jugador, ese que Bird y Jonhson habían
cuidado tanto durante los 80'. ¿Por qué fue tan buen partido? Porque fue
baloncesto puro: trash talking, machaques, bloqueos, empujones, furia asesina.
Era un encuentro del All Star pero jugado como si fuera la final del anillo. Nunca
se vio nada igual. Después de esto los jugadores solo querían ir a Barcelona y
ganarlo todo.
Y finalmente, los Juegos
Para llegar a los olímpicos primero
tuvieron que disputar el Torneo de las Américas. Y fue justamente el
clasificatorio continental la primera muestra de este experimento mediático y
baloncestístico: arrasó a todos sus rivales desde su debut con Cuba (136-57).
Ese torneo sería inolvidable, una muestra de lo que esta escuadra
galáctica sería capaz de dar de si. Logró ganar el Grupo A con comodidad,
bajando además a Canadá (105-61), a Panamá (112-52) y a la Argentina de
Milanesio, Campana y Espil entre otros por un tremendo 128-87, siendo el equipo
que más puntos le marcó a los norteamericanos. En semifinales batieron a Puerto
Rico (119-81) y en la final a la sorpresiva Venezuela (127-80).
El primer objetivo estaba cumplido, pero
faltaba otro mayor. "El objetivo era la medalla de oro, más abajo no
podíamos aspirar y ahí pusimos nuestra vara", admitió Daly. Los
norteamericanos arribaron a Cataluña como superestrellas, siendo perseguidos
todo el tiempo por miles de fanáticos que querían llevarse algo de ellos,
aunque fuese esta una simple mirada. Eran un grupo de rock que se preparaba
para tocar en un concierto mundial, y así vivieron cada día en Barcelona.
En los Juegos Olímpicos nuevamente batieron
a sus rivales con una superioridad aplastante, sin bajar el nivel en ningún
momento, dando a entender el respeto no solo por el que pagó la entrada para
ver una presentación de este seleccionado, sino también por el que tenían
enfrente, dándole lecciones impagables de como jugar. En la primera ronda
dejaron atrás a Angola (103-48), Croacia (103-70), Alemania (111-68), Brasil
(127-83) y al local España (122-81).
Ante los croatas (país que recientemente se
había independizado de Yugoslavia) sucedió algo especial. Allí jugaba Toni
Kukoc, quien era uno de los mejores jugadores de Europa y el cuál ficharía por
los Bulls en la temporada 1993-1994 (aunque había sido drafteado en 1990). Al oír
los halagos de la prensa, Jordan y Pippen decidieron darle la “bienvenida” al
mundo NBA: lo marcaron tanto y tan bien entre los dos que prácticamente pasó
desapercibido aquel día. Lejos de enfadarse, este primer encuentro le sirvió
para conocer lo que le esperaría, por lo que tuvo que esforzarse más, haciendo
incluso que en su primer gran torneo su país llegase a una gran final.
Primer paso dado, faltaba nada para aspirar
a la medalla, pero ellos siguieron igual, jugando a un nivel superlativo y dejando enseñanzas a cada paso. Así,
borraron a Puerto Rico (115-77), se vengaron de los lituanos, que en sus filas
tenían a cuatro ex-soviéticos que los habían derrotado cuatro años antes
(127-76) y en la final dejaron postrada a la durísima Croacia de Petrovic,
Kukoc y Radja (117-85), un país que hacía poco era independiente pero que ya
contaba con un enorme potencial.
Como se dijo antes, el contar con tantas
estrellas hizo que el entrenador rotara al equipo constantemente sin sufrir
cambios en el juego, y es por eso que los Estados Unidos no tuvieron, pese a
sus altos números, ni al goleador ni al asistidor del torneo. Pero, en cambio,
se fueron con un récord de distancia en sus marcadores de casi 44 puntos y una
media bestial de 117,3 unidades. Michael Jordan fue el máximo anotador de la
final con 22 puntos, pero en todos los encuentros hubo, por lo menos, entre
ocho y nueve jugadores que anotaban números en las planillas.
Así de increíble, así de real. Este fue el
Dream Team, el mejor equipo de la historia de este deporte, y que fue el autor
clave de que el juego se hiciera popular en todo el mundo. Gracias a este
conjunto muchos extranjeros comenzaron a subir poco a poco su nivel hasta
abrirse paso en la NBA, aumentando todavía más la competitividad a nivel global.
Quizás por esto deberían ser más recordados que por el oro en sí: fueron
leyenda, pero no egoístas. Y eso les permitió llegar al Hall de los más
grandes.






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